La búsqueda de la realidad

 1. ¿Qué es la realidad?

La búsqueda de la realidad ha sido desde siempre un campo de investigación, a menudo de lucha y conflicto, de confusión y desconcierto, para toda mente que aspira a ser libre y abierta, y busca respuestas a las infinitas cuestiones que se plantean cuando se trata de comprender el sentido de la vida y el inmenso misterio de la existencia en este mundo inabarcable, pleno de infinitud.

La definición y descripción de la realidad varía en función de la corriente filosófica que se elija como marco de referencia. La realidad se plantea como un concepto complejo que se refiere a todo lo que existe, de forma efectiva, con valor práctico, en contraposición a lo ficticio o ilusorio, a la mera imaginación o posibilidad. Se pone en cuestión si la realidad es puramente objetiva, independiente de cada observador, o si tiene un componente subjetivo. Se debate entre lo que percibimos y la verdadera esencia de las cosas.

La realidad objetiva se basa en lo que nuestros cinco sentidos perciben, lo que podemos ver, tocar, oler, probar y escuchar, y no está sujeto a interpretación personal, aunque todo se interpreta de forma personal por mucho que parezca ser similar. La realidad subjetiva se refiere a los pensamientos, las ideas, los sentimientos, los valores y las interpretaciones personales del mundo que percibimos. Es evidente que la realidad puede ser en gran parte subjetiva, con un alto componente interno, y la prueba de ello es que, ante la misma realidad externa, en un mismo escenario, cada persona ve las cosas de forma diferente, con distintas percepciones físicas, emocionales y mentales.

Algunas corrientes filosóficas, como el empirismo, afirman que la realidad es aquello que existe en el mundo físico y podemos percibir y verificar a través de los sentidos, o conocer por la experiencia. El materialismo sostiene que la realidad es fundamentalmente material y objetiva, existiendo independientemente de la conciencia humana. El idealismo, postula que la realidad auténtica reside en la mente o en la conciencia, y la materia es una manifestación de lo ideal. Para Platón la realidad verdadera se encuentra en el mundo de las ideas que es eterno e inmutable, en contraste con el mundo sensible que es solo una copia imperfecta La metafísica explora preguntas sobre si la realidad es fundamentalmente material o inmaterial, si existen entidades abstractas que trascienden la experiencia, tratando de explicar por qué la realidad es como es y cuál es su causa o principio más básico. Para Kant lo real está determinado por las condiciones formales generales de la experiencia posible, más que por el contenido específico de nuestras representaciones mentales.

Existe una gran diversidad de corrientes filosóficas enfocadas en desvelar la realidad, cuyo estudio exigiría años de dedicación, con una cosa en común: tratan de descubrir y describir la realidad a través de la mente y el pensamiento, sin valorar lo suficiente la necesaria experimentación, sin la cual nada tiene auténtica validez. No hay realidad posible sin experimentación, única forma en la que crece la conciencia. Existe el riesgo de perderse en la multitud de teorías y escuelas sobre la realidad de los filósofos y pensadores de todos los tiempos. La realidad no se descubre solo pensando, por muy elevada que sea la capacidad de pensar. No hay conocimiento real y verdadera comprensión sin experimentación. Para acceder a la realidad hay que vivir intensamente y arrancar cada pequeña muestra de lo real e integrarlo en nuestra comprensión y experiencia vital. Puede darse la paradoja de que un filósofo que se haya pasado toda su vida trabajando intelectualmente sobre el concepto de la realidad, acabe más perdido y confuso que cuando comenzó su carrera, o, en el peor de los casos, con un montón de certezas cristalizadas en uno de los espejismos más demoledores y difícil de desbloquear: “el espejismo del gran intelectual”.

Tendemos a confiar en lo que nos dice nuestro cerebro y sobre ello construimos nuestra propia percepción de la realidad. A nivel cerebral necesitamos de un filtro para elegir lo que más se ajuste a la realidad, y actuar en consecuencia, ya que recibimos una enorme cantidad de información del exterior imposible de procesar de forma consciente; esto lo realiza el SAR (Sistema de Activación Reticular). Se estima que el cerebro procesa cuatrocientos mil millones de bits por segundo, de los que somos conscientes solo de un 5%, quedando el 95% almacenado en el subconsciente. El SAR filtra la información que recibimos y selecciona la que considera más adaptativa a nuestra situación concreta pasando la mayor parte a la reserva subconsciente. Somos así conscientes de una parte muy pequeña de la realidad que nos llega. La realidad ya es subjetiva tan pronto como nos llega la información y percepción de los sentidos.

El filtro del SAR no está solo. A poco de que nos observemos nos daremos cuenta de que tendemos a sesgar y a distorsionar la información que captamos de la supuesta realidad con filtros propios, emocionales y mentales; algo que nadie suele admitir porque actúan por debajo del nivel consciente. Un sesgo se puede definir como una desviación sistemática de la objetividad que puede manifestarse como una opinión personal sin base evidente, o una tendencia a favorecer o desfavorecer a un grupo. El sesgo es un peso desproporcionado a favor o en contra de una cosa, persona o grupo en comparación con otra, sin disponer de un razonamiento imparcial. Los sesgos son una forma de “atajo mental” para dar una interpretación rápida o una respuesta a lo que viene a nuestro campo de visión y percepción, que tiende a llevar a conclusiones apresuradas y a fomentar estereotipos y hábitos que diluyen la información real. Los sesgos se presentan en todos los campos imaginables, y la psicología los estudia con precisión. Se observan con facilidad en contextos sociales y culturales y sobre todo en otras personas, pero cuesta mucho descubrirlos a nivel personal, porque intentan pasar desapercibidos. Tendemos a creer que disponemos de una mente abierta y de opiniones neutrales e infravaloramos las carencias personales. Se pueden desarrollar sesgos a favor o en contra de una persona, un grupo social, un partido político, una ideología, una nación, una raza, una religión, una identidad sexual o de género, incluso sobre una teoría o hasta de una simple opinión. Los sesgos son muy contagiosos, se suelen aprender por copiar y asumir las actitudes que nos rodean, con una enorme influencia del bombardeo que recibimos sobre todo a través de la televisión y las redes sociales, saturadas de bulos y desinformación, que imponen todo un código social a través de la realidad virtual de unas tecnologías para las que tal vez aún no estemos preparados. El sesgo es pariente cercano del prejuicio. Prejuzgar es simplemente tener preestablecida una respuesta a un suceso, a una situación, formando una opinión antes de tomar conciencia de los hechos relevantes de cada caso. No es extraño observar juicios automáticos a los demás por su mera apariencia física. El prejuicio también se suele referir a creencias infundadas, que rompen con cualquier actitud razonable.

Hay todo un conjunto subconsciente de filtros emocionales y mentales con los que cada individuo interpreta el mismo mundo de manera diferente, por eso se suele decir que “la verdad está en el ojo del espectador”.

Las fuentes de percepción de cada ser humano provienen de sus vehículos, los cuerpos físico, emocional y mental. Del exacto y correcto funcionamiento de los cuerpos depende el grado de autenticidad de la realidad que podemos llegar a captar.

El cuerpo físico suministra una amplia información del mundo objetivo a través de los sentidos. Pero estos sentidos no son estáticos, están en continuo desarrollo; pueden ser burdos o muy sutiles, y tener momentos de intensa actividad o estar aletargados o bloqueados, y por ello su capacidad de detección es muy variable de una persona a otra, incluso de un día a otro. Dentro del cuerpo físico, y como contraparte y sustento del mismo, se ubica el cuerpo etérico o energético, que ya hace tiempo que no es una teoría y ha sido demostrado por la ciencia. El cuerpo energético dispone de una sofisticada gama de sensores de energía que pueden conectar con la energía de todos los seres y todas las cosas, suministrando una información muy útil, aunque a menudo se sitúa por debajo del nivel de la conciencia

El cuerpo astral o emocional dispone a su vez de su propia red de sensibilidad informativa, muchas veces confusa, difícil de evaluar, por la tendencia de las emociones a fluctuar de un extremo a otro, por su afinidad con el apego y el deseo. La información emocional más fiable discurre por el camino del medio, en un marco estable de sensaciones, libre de espejismos, permitiendo al corazón ser un eficaz receptor.

El cuerpo mental es procesamiento de información en plena actividad. Se vincula con todo lo que le llega desde el cerebro, con el reto de tener que discriminar y discernir de forma rápida y continua, y tomar cientos de pequeñas decisiones que se articulen y encajen unas con otras.

Todos los sistemas de percepción actúan interrelacionados, no son unidades aisladas, forman parte de un conjunto inseparable. Su descripción no debe inducir a pensar que son independientes, lo que percibe un sentido físico está matizado por la energía del momento, por el estado emocional puntual o general, y por el grado de claridad mental de ese instante perceptivo.

Hay que tener también muy presente que la percepción depende del equipo del perceptor, y para ser consciente de cualquier cualidad, característica o detalle objetivo, se deberá disponer de cualidades y características similares. Y toda interpretación de las percepciones registradas dependerán del nivel en el que actúa la propia conciencia. También el impacto de la energía que llega al perceptor depende de su capacidad de detección y respuesta. Muchas energías simplemente rebotan o pasan de largo ante la ausencia de mecanismos de asimilación. Está ya demostrado físicamente que todo es y se traduce en energía, y es la base que todo lo conecta y sostiene. La energía puede convertirse en cualquier cosa, y se atrae, se dirige y se modela en función de la emoción y sobre todo del pensamiento. La energía literalmente sigue al pensamiento. Por eso somos muy responsables del tipo de realidad a la que tenemos opción de acceder.

De todo ello resulta que no todas las personas reciben la misma información, ni utilizan el mismo grado de energía, ni están en las mismas condiciones de detección, análisis y respuesta. La realidad es así necesariamente diferente para quienes no tengan perfeccionados sus sistemas perceptivos a todos los niveles, lo que complica aún más el largo camino de la búsqueda de la autenticidad. La realidad parece tener muchas caras, pero es sensato pensar que la realidad es la que es, independientemente de como la capta cada perceptor u observador. La realidad es, y se desarrolla según su verdadera y auténtica esencia y sus propias leyes, sin estar contaminada por la enorme gama de distorsiones y limitaciones de quien trate de desvelarla.

 

2. Distorsiones de la realidad: Maya, Espejismo e Ilusión.

Las distorsiones de la realidad se entienden mejor cuando se relacionan con los cuerpos de la personalidad, porque se corresponden con las limitaciones de los vehículos físico, astral o emocional, y mental, y se presentan afectando a esos tres cuerpos de expresión. Son tres grandes grupos de distorsiones: Maya, Espejismo e Ilusión. Maya en el cuerpo físico y vital, Espejismo en el cuerpo astral, e Ilusión en el cuerpo mental.

El espejismo modifica la realidad por el empleo inadecuado de las emociones. La ilusión es la reacción tergiversada de la mente inferior al mundo de las ideas. Maya es de carácter vital y físico, es el desequilibrio de la energía al construir la realidad, por la acción del espejismo, de la ilusión, o de ambos.

La mayoría de las personas ignoran que el espejismo y la ilusión conviven con ellas, incluso llegan a creer que son sus mayores cualidades. De ahí que acceder a la verdadera realidad sea todo un desafío. El primer paso en la búsqueda de la realidad es tomar conciencia de que el mundo que percibimos y en el que vivimos es incompleto, matizado por visiones e interpretaciones personales que amenazan con desmoronarse, y poder así comenzar a dudar de todas las certezas de nuestra existencia que damos por evidentes, con la sospecha de que fabricamos continuamente un cierto grado de irrealidad.

Maya se suele asociar al concepto de inexistencia de la materia, de que todo se trata de un error de la mente, una especie de autosugestión, como si todo lo tangible y objetivo sea parte de una ficción de la imaginación. Esto es en sí mismo es otra tergiversación de la realidad. Que tengamos una percepción errónea no quiere decir que no exista para nosotros, a menudo con una potente presencia. Maya es fruto de la intensa actividad que produce el espejismo y la ilusión a niveles etéricos, lo que genera confusión con una fuerte base emotiva, pero caracterizada por su vitalidad, cualificando la fuerza en la que se ha convertido la energía cuando se ve sometida a la influencia del espejismo astral o la ilusión mental, o a la combinación de ambos. Hay que tener presente que el cuerpo etérico es la contraparte necesaria del cuerpo físico; por eso las distorsiones en la percepción y procesamiento de la energía afectan directamente a toda manifestación del vehículo físico.

El espejismo es la distorsión de la realidad por el empleo inadecuado de las emociones, intensificadas y deformadas principalmente por el deseo y por el sentido de dualidad. Es una cualidad de carácter astral muy poderosa en el actual estado evolutivo de la humanidad, que se encuentra muy enfocada en el cuerpo emocional y confunde los pensamientos con emociones teñidas de razonamientos de la mente inferior.

La ilusión filtra la realidad, la desfigura, y la oculta tras una nube de pensamientos, con apariencia de autenticidad. La ilusión es el modo en que la comprensión limitada y el conocimiento materialista interpretan la verdad. La velan y ocultan envuelta en formas mentales. La mente y el cerebro tergiversan lo que el alma ve, y el alma no puede ver la verdad, porque no le es presentada por el cuerpo mental. La ilusión caracteriza la actitud mental de las personas que son más intelectuales que emotivas, a las cuales no les afecta tanto el espejismo, pero que presentan dificultades en la comprensión e interpretación de las ideas y de las formas mentales.

 

3. Maya.

Maya es el resultado en el cuerpo físico del espejismo y de la ilusión. Es la proyección física de la incapacidad del cuerpo etérico de procesar debidamente las energías que recibe, debido en buena parte a la afinidad con los aspectos más densos de la personalidad.

A una parte importante de la población solo le inspira el deseo inmediato con un alto componente de materialidad. Es el deseo con base animal para satisfacer apetitos de la vida material: el interés por los bienes y las comodidades, por acumular cosas, y por obtener seguridad económica y una buena posición social. Esa es la forma de influencia más densa de maya, que concentra las fuerzas de su naturaleza en el centro sacro. Otras personas están más impulsadas por una forma de ambición y aspiración, también material, pero menos aparente, como es la ambición de poder, a veces con la intención de hacer el bien; la aspiración por algún paraíso, curiosamente cargado de bienes y dichas materiales, como lo describen en algunas religiones; o el deseo por obtener el placer de lo estético, también de lo natural; o por alcanzar satisfacciones más elevadas, como la tranquilidad emocional, el equilibrio mental o cualquier otro deseo superior por cumplir. Todo esto es maya en su forma emotiva, pero sigue siendo física, y no es lo mismo que espejismo, porque en el caso del espejismo, las fuerzas de la naturaleza están asentadas en el plexo solar. Maya es tangible y etérico. El espejismo es sutil y emocional.

En el caso de Maya se trata fuerzas que afluyen desde alguno de los centros etéricos del cuerpo físico produciendo reacciones y efectos deseables o desastrosos. Toda manifestación, en cualquier nivel, es una expresión de fuerza, pero las fuerzas consideradas como maya, son corrientes incontroladas e impulsos sin dirección definida que emanan de la fuerza latente en la materia misma, por lo que arrastran a una actividad incorrecta, en medio de un torbellino de efectos y condiciones descontroladas para las que no hay una respuesta equilibrada. Suponen ser víctima de la fuerza masiva contenida en la naturaleza animal y en la parte densa de las circunstancias ambientales del mundo alrededor. Maya se complica debido a que, en el plano físico, la batalla de los pares de opuestos, adquiere una presencia substancial. Cuando comienza a tener lugar una cierta orientación interna hacia el mundo de los valores superiores, la fuerza etérica o vital, entra en conflicto con el aspecto interior del hombre, y empieza la batalla de los pares de opuestos inferiores.

En el plano físico, en sus niveles etéricos, donde se experimenta el poder engañoso de Maya, se produce el encuentro de las fuerzas del mundo subjetivo de la personalidad con las antiguas energías de la materia misma. Cuando los impulsos latentes en la vida de la personalidad, se separan del alma y fuera de su control, se fusionan con las energías existentes en la periferia de la esfera de influencia de la personalidad, entonces se convierten en potentes corrientes dirigidas de fuerzas que tratan de emerger a la manifestación física por medio de los centros energéticos del cuerpo físico.

Todo el mundo engañoso de Maya en el que se deambula sin conciencia, lo produce la sensación sin reflexión y la ausencia de pensamiento analítico y de discriminación, lo

que también está ausente, en parte, en el mundo del espejismo. Para la resolución de Maya uno de los pasos más necesarios es el control de la naturaleza física. Cuando se llega a un punto de evolución en el que se comienza a recapitular sobre la lucha con los pares de opuestos más inferiores, se toma también conciencia de la urgencia y la necesidad de controlar la naturaleza física. Entonces es el momento de dar importancia a las disciplinas físicas, con base en el ejercicio corporal, aplicadas con sensatez y sin dogmatismos, acompañando con otras actividades moduladoras del exceso de dominio de lo físico, como el vegetarianismo o la reducción del consumo de carne, la moderación sexual, la ausencia de consumo de drogas, la higiene y el cuidado natural del cuerpo. A través de la práctica de todas las actuaciones encaminadas al control de la vida material, se puede neutralizar el poder de la densidad del plano físico y liberar la conciencia para que sea capaz de enfrentar la verdadera batalla de los pares de opuestos que tendrá lugar en el plano emocional y mental. Resolver la tiranía de lo estrictamente físico es solo el primer paso en la conquista de la realidad. Queda por delante un largo camino para enfrentar el espejismo del plano astral y la ilusión del plano mental.

 

4. Espejismo.

Un espejismo es una distorsión de la verdad y el reflejo defectuoso de una realidad. El espejismo es una cosa de apariencia sutil que se disfraza como si fuera una verdad. Es poderoso porque tiene su punto de entrada en esos estados mentales y modos de pensar cargados de emoción, tan familiares, que aparecen de forma automática y constituyen una manifestación casi inconsciente. Es un filtro de la realidad que crea un mundo de apariencias reales que congela la expansión de la conciencia.

El problema con el espejismo es que cuando nos invade y estamos inmerso en él no podemos verlo. Es también un gran problema para toda la humanidad, que la retiene en la esclavitud, y está presenta en todas las dificultades y conflictos, manteniéndola en continuo peligro.

El espejismo se ubica en la raíz de cada escisión y división y en la base de todo dolor y sufrimiento.          En el momento que comienza la separación, comienza el espejismo, y el gran filtro que distorsiona la realidad. Al experimentamos como duales, nos partimos, estamos nosotros y todo lo demás fuera, como en un mundo aparte. No somos capaces de percibir que somos uno y lo mismo, y no hay separación, ni dualidad. Cuando experimentemos la dualidad, caemos de lleno en algún tipo de espejismo. El espejismo es también el resultado del tipo de conciencia que se resiste a los cambios y permanece anclada en sesgos y prejuicios. La naturaleza de la vida es cambio. No existe nada más real en todo el cosmos que el cambio.

El espejismo es una cualidad de carácter emocional y mucho más poderoso, en estos momentos, que la ilusión, debido a que una enorme mayoría de la humanidad actúa enfocada desde su naturaleza astral; son puramente emotivas, y solo a veces con ocasionales chispazos de comprensión mental. Las personas emocionales responden con facilidad al espejismo mundial, y a su propio espejismo heredado y autoinducido. El poder de los medios de comunicación con que cuenta hoy día la humanidad, a través de la televisión, de la radio, y de las nuevas tecnologías, como Internet y las redes sociales, en lugar de favorecer la educación y la formación en valores humanos, difunde y contagia un tipo de espejismo social que encumbra el materialismo y el egoísmo personal. El interés morboso por las noticias impactantes y las desgracias, y el exceso de publicidad consumista, ha creado una forma mental lastrada y plagada de emociones negativas, que aprisiona el espíritu de libertad del ser humano y le hace creer que lo natural es la infelicidad y la competición con sus hermanos.

Se ha comparado al espejismo con una bruma o niebla por la que las personas transitan, cargadas de inconsciencia, distorsionando todo lo que se ve y todo aquello con lo que se hace contacto, evitando ver clara y realmente la vida o las condiciones que lo circundan, tal como esencialmente son. Algunas personas más evolucionadas, en ocasiones se hacen conscientes del espejismo y ven, fugazmente, en qué dirección se halla para ellos la verdad, para caer a continuación en un nuevo espejismo, tal vez más sutil, con la consiguiente angustia y frustración. Esas brumas no dejan ver las cosas como son en esencia, y las apariencias engañan, y hasta se acaba olvidando que se dudaba de su veracidad. Esas reacciones astrales generadas por cada ser humano, acaban por fusionarse y mezclarse con el espejismo y nieblas mundiales creando una densa aura de un mundo distorsionado, producido durante incontables años de astralismo humano.

Los espejismos se ubican en el campo de expresión de los vehículos de la personalidad a través de sus cuerpos físico, emocional y mental. El alma no tiene espejismos. El espejismo es el resultado de la incapacidad de la cualidad del alma para manifestarse sin distorsiones a través de la personalidad y sus vehículos.

El origen del espejismo está fundado principalmente en el sentido de dualidad. Si no existiera no habría espejismo, pero para poder enfrentarse con esta compleja distorsión de la realidad, se debe reconocer su mecanismo, por medio del cual se crea y mantiene el gran error que lo alimenta: la locura de creer que somos seres separados.

El espejismo constituye un ritmo muy antiguo, inherente a la sustancia astral misma, por lo que le resulta difícil al ser humano percibirlo o comprenderlo, siendo el resultado de una larga actividad del deseo humano. Somos víctimas de nuestro propio pasado, con su erróneo pensar, sus deseos egoístas y la errónea interpretación del propósito de la vida. Toda una vida de deseo del grupo familiar, pasada y presente, se acentúa y destaca, constituyendo entonces tendencias y características sicológicas heredadas y manifestadas. A ello se une el espejismo nacional, suma total, a lo largo de los años y los siglos, de los deseos e ilusiones de cualquier nación, que van creando características propias, persistentes y marcadas, de los rasgos sicológicos nacionales, constituyendo en sí mismo un espejismo, que se debe superar a medida que se avanza hacia la comprensión de la realidad, tanto a nivel personal como a nivel grupal. Por otra parte, son también muy antiguos los deseos arraigados y las poderosas aspiraciones a la posesión del dinero y valores materiales, que envuelven en una densa bruma la visión de la verdad de personas y naciones.

A lo largo del proceso evolutivo una oleada de poderosas energías trata continuamente de expulsar las impurezas en cada persona. Este proceso encuentra todos los espejismos ocultos y los trae a la superficie. El espejismo es producido por la conjunción de una o más corrientes de energía que producen un momentáneo torbellino de energía y conduce a la confusión, a un estado que dificulta la toma de decisiones y la correcta discriminación, envolviendo y sumergiendo a la persona observadora en un aura de ficción e irrealidad.

Existen tres actitudes principales de la mente inferior cargadas de emoción y sentimiento que predisponen al espejismo: la autoconmiseración, el espíritu de crítica, y la suspicacia.

La autoconmiseración, es un espejismo que se asocia a un exceso de sensibilidad fuera de lugar. Autocompadecerse y tratar de darse pena a sí mismo por todas las “insuperables e inmerecidas” desgracias que nos ocurren, convierte la vida en un lloriqueo inútil. Tratar de provocar lástima y una enfermiza compasión en los demás, sólo encuentra rechazo, porque nadie quiere aguantar al llorón o llorona de turno. En realidad, esconde un elevado sentido de egoísmo y de importancia personal, que ancla a la personalidad en la permanente tristeza y el abatimiento.

La crítica y la suspicacia son el campo minado que destruye la confianza, y sin confianza el espejismo campa a sus anchas. La ausencia de confianza, en uno mismo y en los demás, despierta y reactiva la crítica, la separación, y el orgullo insano, y abre la puerta a las suposiciones maliciosas, a la imaginación obsesiva, y a ver el aspecto negativo de la existencia.

A los tipos humanos más inferiores, menos evolucionados, regidos principalmente por los instintos, les protege en parte su ignorancia, ya que encaran con toda sencillez y directamente las realidades de la existencia que se les presenta, como la necesidad de comer, el nacimiento, la muerte, la autoprotección. Carecen de ilusión en sus reacciones hacia la vida, y su simplicidad, y su forma casi instintiva de vivir los protege de muchos de los males más sutiles. Sus emociones son básicas y sus mentes aún están dormidas. Pero a medida que la humanidad va evolucionando se despiertan los niveles superiores de la conciencia y se eleva la cualidad de las emociones y el factor mente se hace poco a poco más activo, entonces el espejismo y la ilusión toman fuerza y protagonismo ofuscando los aspectos más elevados de la realidad a la que se debería tener acceso.

La falta de desapego de la personalidad es la causa real del espejismo, que impide la comprensión del sentido y propósito de la vida, tal como lo ha visualizado el alma, y no podrá haberlo hasta que no exista una mínima organización del cuerpo mental.

Los tipos de espejismos que pueden afectar a un ser humano son de una enorme variedad, y a menudo se solapan entre sí. La naturaleza de estos espejismos difiere con las personas en función de las atracciones y rechazos en su ámbito de relaciones y circunstancias, que tenderán a llevarlas por la línea de menor resistencia, y en función también con la forma en la que cada persona interpreta y enfrenta la vida con su equipo particular, matizado por sus experiencias pasadas en su larga secuencia de aciertos y errores. También será diferente para cada cual el grado de profundidad e intensidad del espejismo en el que se llega a estar inmersos.

La lista de espejismos que atrapan a la humanidad puede ser interminable. Merece la pena detenerse en alguno de ellos para tomar conciencia de su complejidad y la forma con la que intentan pasar desapercibidos, como si su denso y brumoso mundo fuera de lo más natural.

“El espejismo del temor”, se sitúa en la cima de todos los espejismos y es el peor de todos, y en buena parte está en el origen de otros muchos espejismos, caracterizados por su alto grado de negatividad. Es una triste constante en la vida de la humanidad que se intensifica con la tensión de la época, estando en la base de todo sufrimiento e infelicidad. A pesar de lo que corrientemente se cree, nunca el temor esta fundado y su justificación garantiza caer en un estado de irrealidad. No hay que confundir la necesidad, a veces imperiosa, de actuar ante las adversidades, con permitir la invasión del temor que, seguramente, dificultará tomar la respuesta más adecuada.

“El espejismo de la autoconmiseración”, aparejado muchas veces con el temor, es uno de los principales espejismos de la persona evolucionada y sensible. Es un estado de ánimo que se caracteriza por sentirse víctima de las propias desgracias, culpando muchas veces a otros y a las circunstancias por el sufrimiento que se padece, con un fuerte sentimiento de incapacidad para afrontar la vida, incluso anticipando situaciones derrotistas que no están sucediendo. Se manifiesta con un pesimismo generalizado y una alta dosis de egoísmo, centrándose en exceso en los propios problemas, sin considerar las dificultades y el sufrimiento ajeno. En el fondo es una forma de justificar actitudes irracionales y evitar asumir responsabilidades.

“El espejismo del materialismo”, esa extraña tendencia hacia las continuas necesidades materiales, a la esclavitud del dinero y al amor de las posesiones, que enloquece a buena parte de la humanidad. Es la causa principal de la presente angustia mundial, que ha creado el actual y peligroso desequilibrio económico entre personas, grupos y países. Lleva directamente a la infelicidad y a la perdida de los valores humanos más básicos. Es sensato aspirar hacia aquello que llenará una necesidad vital y real, con un correcto sentido de la proporción, pero es innecesario e injusto pretender acaparar bienes y recursos, que serán en detrimento de los demás, como si mereciéramos más que nadie. El exceso de materialismo bloquea el acceso a la vida espiritual, la mayor riqueza a la que puede acceder todo ser humano.

“El espejismo del sentimiento” mantiene esclavizada a mucha gente en el mundo, que muestra buenas intenciones, pero saturadas de reacciones emocionales. Una parte de la humanidad se ha liberado del exceso de materialismo, pero ha transformado ese deseo en sentimientos, servicios y atenciones hacia los demás, convencidos de que tienen una alta capacidad de amar. El amor puramente sentimental, no es realmente amor sino una mezcla de deseo de amar y deseo de ser amado, con la predisposición a realizar cualquier cosa para demostrar y evocar este sentimiento, con acciones amables y agradables, esperando la correspondiente reciprocidad. En el fondo es una forma más sutil de luchar por la satisfacción personal, no exenta de egoísmo. Se trata de un seudo amor, muy habitual en las relaciones humanas, como las existentes entre marido y mujer o entre padres e hijos. Afecto no es amor, sino ese deseo que expresamos mediante un esfuerzo del cuerpo astral, afectando a todas nuestras relaciones; y no es tampoco el espontáneo altruismo y amor del alma que no pide nada, que es libre en sí mismo y deja libres también a todos con los que entra en contacto.

“El espejismo del enfado”, o de la irritabilidad, mantiene la vida en una tensión indebida, muy habitual en estos tiempos confusos, y produce una peligrosa alteración del sistema nervioso. La irritabilidad afecta al plexo solar y a la región del estómago generando toda una enfermedad, además muy contagiosa, causada por un exceso de personalismo. Es una dolencia básica sicológica y tiene sus raíces en la intensificación del cuerpo astral impulsada por vociferaciones y pensamientos iracundos. El enfado no es nunca una respuesta adecuada a nada, y toda justificación del mismo, por muy bien que se vista, estará cargada de interés propio, autosatisfacción y exceso de sí mismo.

“El espejismo del deber”, que sitúa en el eje de nuestro mundo las obligaciones, muchas de ellas exageradas, y relega todo lo demás a un segundo plano. Conduce a un aumento inusual del sentido de la responsabilidad, y a perder la proporción y la situación de todos los elementos de la vida, acentuando lo no esencial y realizando muchas actividades de escasa utilidad, que se creen de vital importancia.

“El espejismo del destino”, que hace creer a quien cae en su trampa que hay un trabajo importante que realizar y que se debe actuar y hablar sobre cómo se está destinado para ello, lo cual acrecienta el orgullo sin base real. Se llega a la seguridad de que sus trabajos y sus proyectos son tan importantes que fuerzas oscuras tratan de obstaculizarlos. Toda esta idea acrecienta la importancia personal y aleja de la realidad.

“El espejismo de las condiciones externas”, que justifica los sentimientos de frustración, y de sin sentido de la vida por las circunstancias externas ajenas a uno mismo. Genera una fuerte limitación que impide actuar con resolución y causa un bloqueo generalizado que mantiene el espejismo en circuito cerrado.

“El espejismo de la autoconfianza”, o la creencia irrefutable del propio punto de vista. Tiende a hacer creer que se está siempre en lo cierto y en la verdad y que se es una autoridad indiscutible en casi todas las materias. Nutre el orgullo y bloquea la mente, haciéndola impermeable, lo que impide nuevos aprendizajes. Es muy común en personas religiosas radicales y en intelectuales de personalidad absorbente.

El espejismo de la continua circunstancia”, que conduce a sumergirse en una cadena de pequeños acontecimientos sin importancia, contactos insignificantes, deberes establecidos de monótona regularidad, cumplidos día a día o año tras año, porque se considera que constituyen su obligación y función en la vida y además proporcionan los medios para satisfacer las necesidades de la vida. Si siempre hay algo que hacer imperiosamente, no quedará espacio para el silencio y el conocimiento interior

“El espejismo de la capacidad mental”, para hacerse cargo con eficiencia de cualquier situación o problema que se presente. Conduce al aislamiento y a la soledad y a evitar la colaboración y el compartir en grupo.

“El espejismo del ermitaño”, que consiste en un permanente anhelo por apartarse del mundo en un lugar aislado en el que sentirse en seguridad y libre de las presiones y problemas de la sociedad. Conduce igualmente al aislamiento y a la falsa soledad.

El Espejismo de la Autoridad”, que surge al considerar que se cuenta con la protección, personal y grupal, por la imposición de algunas reglas, conjunto de leyes, edictos autoritarios emanados del control gubernamental, incluso de un régimen oligárquico o dictatorial. Conlleva a obedecer fórmulas fijas que organizan y controlan la vida y trabajo de las personas. Tiene un carácter colectivo, con una fuerte influencia del código social imperante que se suele imponer, en muchos casos, regulando, y manipulando el temor.

“El espejismo de la huida hacia la seguridad de la conciencia nacional”. Cada nación produce su propia sicología, con sus inclinaciones, rasgos y características nacionales que tienden a moldear el carácter, las visiones y las formas de reaccionar de todo individuo, creando un área de refugio en la que apoyarse y retirarse ante la presión de los tiempos. Ello incrementa las actitudes separatistas desvirtuando el presente con la fuerte losa del pasado nacional.

“El espejismo de la constante frustración”, ante cualquier situación, ante cualquier suceso, grande o pequeño, importante o insustancial, destacando siempre la imperfección o la parte negativa de algún objetivo no conseguido, o no en el nivel deseado, lo que conlleva a un constante sentido de fracaso.

“El espejismo del complejo de madre protectora”, o padre protector, que parte de una incorrecta valoración de las relaciones afectivas personales. Nadie puede arrogarse el derecho a evitar las lecciones que el destino tiene reservadas para cada persona, por muy cercana que sea. El exceso de protección es una invasión al libre albedrío y un apego injusto e innecesario. Demuestra una falta de confianza en el alma de los demás y en su capacidad para afrontar la vida y aprender de sus errores y aciertos.

“El espejismo de la personalidad, en sí misma”, con sus metas y ambiciones personales, la inteligencia indudable, la supuesta sobrada experiencia, los éxitos y reconocimientos, y otros tipos de cualidades adquiridas a lo largo de la vida, pueden constituir un gran espejismo, creando una coraza de certezas cerradas, que impermeabiliza la posibilidad de acceder a nuevos aprendizajes y a la sencillez de la vida interior.

“El espejismo de los pares de opuestos”, con la continua oscilación descontrolada entre una densa bruma, caracterizada unas veces por la alegría y el sentimiento de plenitud, otras por la tristeza y la depresión, en una amplia gama de matices, que va de un polo a otro con cierta facilidad, obviando el camino del medio. Este estado persiste mientras se da importancia al sentimiento, y puede llegar a puntos de mucha tensión al pasar desde un estado de gran alegría, cuando se identifica con el objeto de su aspiración o devoción, o al creer que se está realizando un gran salto evolutivo, y acabar cayendo, en un breve espacio de tiempo, al vacío, a la desesperación y a la sensación de frustración cuando fracasa en hacerlo. Todo esto, sin embargo, es de naturaleza astral y de cualidad sensoria y no pertenece al alma y conduce también al espejismo de la separación.

“El espejismo de la aspiración”, que ofusca la visión de quien anhela la iluminación y la gracia de Dios, y siente la satisfacción por el importante camino espiritual que está realizando. Bajo este espejismo sólo se ve una idea, una persona, una autoridad y un aspecto de la verdad, nutriendo el fanatismo y el orgullo espiritual. Se olvida que la verdad está más allá del mundo del sentimiento, y es incompatible con ambiciones personales, aunque se las considere espirituales. Este espejismo afecta a muchos de los grupos denominados de la “nueva era”.

Hay muchos otros espejismos individuales, grupales, nacionales y hasta mundiales. Con los mencionados se puede dar una idea de la tendencia general y la enorme variedad de espejismos en los que se puede caer en el largo camino hacia desvelar la realidad. También es evidente que se necesita un proceso largo, con una mente centrada y persistente, para deshacerse de la larga cadena de espejismos que asolan a la humanidad, muchas veces entrelazados unos con otros.

Disipar el espejismo precisa necesariamente de reconocerlo tal cual es. Este primer paso nace de una auto observación sana y sensata, sin intentar negar o cambiar drásticamente lo que acabamos de descubrir, intentando ser conscientes de la irrealidad en la que estábamos, dejando que la verdad se abra camino. Aquí surge ya la primera dificultad, porque enfrentar la verdad implica que se ha de hacer un sacrificio para abandonar el espejismo acostumbrado, en parte adictivo, y admitir el error y la equivocación largo tiempo mantenida, algo que el falso orgullo tratará de evitar. También será necesario dejarse de excusas, sobre todo externas, y asumir la responsabilidad en la interpretación de todo lo que nos sucede. Cualquier resquicio de justificaciones personales mantendrá vivo el espejismo y volverá a recargarlo, con lo que tarde o temprano resurgirá. Todo lo que tenemos que hacer es mirarnos con sinceridad y observar el mecanismo de acción del espejismo con la presencia de la verdad, fría, serena y desapasionada, lo que dejará paso a la claridad mental y a la luz del alma, disipando el espejismo y dotando a la conciencia de comprensión y recursos para afianzar el pequeño salto de libertad conseguido.

Existen una serie de indicadores de la presencia de espejismos que pueden sernos muy útiles, manejados con discernimiento y sentido común. El espejismo siempre se halla donde existe crítica injustificada o indebida, cuando el orgullo campea a sus anchas con supremacismo y sentido de superioridad, a veces bien disimulado, y cuando las tendencias hacia la separatividad están descontroladas. Es muy aconsejable mantener una profunda desconfianza hacia la crítica, el orgullo y la separatividad, también hacia la auto conmiseración y la suspicacia, muy asociada a estos hábitos insanos.

Tenemos espejismos porque nos colocamos en el centro del universo. Si dejamos de considerarnos así, y el centro del escenario lo trasladamos del yo personal al servicio a la humanidad, habremos dado un paso de gigante hacia la liberación de las cargas de la irrealidad. El espejismo se disipa al dejar de prestarle atención, que es su fuente de alimentación. Para ello hace falta un uso adecuado del discernimiento y la discriminación, con la práctica de un verdadero desapego. El desapego es un baño de realidad, y su carencia es la principal causa del espejismo. Desapego es ser capaz de vivir la vida y no querer poseerla, no desear nada de ella. Desapego es implicarse en la vida sin anclajes. Desapego es no interferir con el destino de los demás y confiar en el alma de aquellos que amas, dejando que aprendan por sí mismos las lecciones necesarias. Las responsabilidades de los demás deben ser respetadas. Solo se es responsable de darles fortaleza y desapego.

Llega un momento, después de empeñarse incontables veces en experimentar a través de la emoción y sus pensamientos asociados, en que se deja de dar importancia al sentimiento y se aprende a desprenderse de la cualidad sensoria y a enfocarse hacia la mente y hacia el alma, lo que se consigue con un correcto control emocional, sin inhibir y reprimir los deseos, sino desapegándose de ellos con amor limpio y serenidad, con lo que la bruma y la oscuridad tienden a disiparse gradualmente. La salida de esa niebla se vislumbra cuando se recorre el camino del medio, tan conocido en el budismo, y se deja de oscilar entre los pares de opuestos y las actitudes y respuestas extremas ante los retos y las dificultades de la vida.

Para disipar el espejismo hay que mantener la mente firmemente en la luz y permanecer en el ser espiritual. Los espejismos se dispersan y disgregan mediante la introducción de la energía superior de la mente, impulsada por el alma, que nunca alberga espejismos. Se trata de mantener un punto de concentración relajada que no se deje arrastrar por las continuas fabulaciones, conjeturas, visiones, imaginaciones, que te llevan de aquí para allá, y desvelar las continuas irrealidades, sin luchar, liberándose de ellas a la luz de la mente, disfrutando del aire renovado que se respira. El espejismo se supera aplicando la luz del alma a través del cuerpo mental. La verdad está siempre allí. No hay que descubrirla, sino desvelarla, al dejar de experimentar sentimientos fantasiosos, con el uso incorrecto de la energía astral. Los verdaderos sentimientos provienen del corazón, no del plexo solar. Las ideas verdaderas provienen del alma, y son creativas, reveladoras, iluminadoras. Si son ilusorias, son falsas, y se necesita la intuición, la luz del alma, para mostrar su falsedad.

Todo recurso que facilite el penoso camino de liberación debe ser bien recibido. Existe una técnica, a modo de fórmula, que merece ser considerada por su eficacia para para disipar espejismos, una vez detectados, y se ha tomado ya la firme decisión de erradicarlos. Proviene de las enseñanzas del maestro tibetano Djwal Khul, dadas a través de los libros dictados a Alice A. Bailey, que se recoge en el libro “Espejismo, un problema mundial”. La fórmula es la siguiente:

FÓRMULA PARA DISIPAR EL ESPEJISMO.

  • Reconocer el espejismo a disipar.

El primer paso es tomar conciencia de las diversas maneras en que el espejismo, previamente detectado que se intenta disipar, afecta a la vida diaria y a todas las relaciones. También puede ser conveniente anotar en un diario los espejismos de los que se va siendo consciente, para poder gestionarlos de una forma ordenada y hacer un seguimiento de su influencia posterior.

-Alineación de la personalidad con el alma y pronunciación del OM.

A continuación, se intenta alinear la personalidad, estabilizando y aquietando los cuerpos físico, emocional y mental para que sean vistos como una unidad funcionante, con la disposición a colaborar con el alma, también como una unidad, creando así un campo adecuado de pensamiento y comprensión magnéticos. Inmediatamente se pronuncia un OM dentro de la atenta mente expectante, facilitando la concentración y el aumento de energía.

-Creación de un “Faro de luz”, (luz unificada de materia, mente y alma).

El siguiente paso consiste en enfocar, por medio de la imaginación creadora, la luz de la mente y la luz de la materia en el vehículo mental, para después dejar que la luz del alma se fusione también en el plano mental, lo que crea un potente faro de luz unificada preparado para ser dirigido en cualquier dirección. Se ha generado una fuerte luz que puede ser visualizada como un faro, una esfera de luz, brillante e intensa. Se enfoca este faro de luz sobre el espejismo, a través de la voluntad, con la mente mantenida firmemente en la luz, visualizando como afluye, horada y va progresivamente disipando el espejismo.

-Nombramiento del espejismo y pronunciación de tres frases.

A la vez que se ve el proceso de disipación, se nombra del espejismo con la pronunciación con firmeza de las siguiente tres frases:

1.- El poder de la luz impide la aparición del espejismo de “           ”. (nombrar el espejismo sobre el que se actúa).

2.- El poder de la luz impide que la cualidad del espejismo me afecte.

3.- El poder de la luz destruye la vida que existe detrás del espejismo.

-Acto de penetración.

Se pronuncia nuevamente el OM, con la intención de producir, un “Acto de Penetración”, por el que la luz realiza un impacto definido sobre el espejismo, penetrando en él, disipándolo, con lo que a medida que pase el tiempo, el espejismo no volverá a ser tan poderoso y en su momento desaparecerá completamente.

-Retirada del haz de luz y reorientación al plano mental.

A esto le sigue un proceso de retracción en el cual se retira el haz de luz y se reorienta hacia el plano mental.

El espejismo no se disipará inmediatamente. Tiene un origen muy antiguo. Pero el empleo persistente de esta fórmula lo ira debilitando, desvaneciéndose lenta e inevitablemente. Después de la debida práctica y de haber seguido las condiciones requeridas, la formula se seguirá casi automáticamente y será muy fácil lograr el alineamiento, la concentración y el enfoque requerido.

Esta fórmula es de utilidad cuando se aplica expresamente para el espejismo, el trabajo para liberarse de la ilusión es diferente. La mente iluminada disipa el espejismo. El alma disipa la ilusión, empleando la facultad de la intuición, por lo que es importante discriminar entre espejismo e ilusión, y evitar esforzarse en disipar el espejismo empleando un método que invoca al alma, cuando en realidad se necesita emplear la mente en forma correcta, y someter a la naturaleza astral y emocional a los efectos que produce el pensamiento intenso y severo, usando la mente como el instrumento por el cual puede ser disipado el espejismo. El proceso consiste en vincular la mente con el alma y luego enfocarse conscientemente y con precisión en la naturaleza mental o cuerpo mental, y no directamente hacia el alma.

 

5. Ilusión.

La ilusión es la manera de la que se sirve la mente inferior para construir formas mentales al interpretar las ideas que procesa desde una comprensión limitada y un conocimiento materialista. La ilusión filtra la realidad y la distorsiona y la oculta tras una nube de pensamientos, que llegan a cargarse de aparente verdad. No se cuestiona la existencia del mundo fenoménico, pero la mente lo interpreta mal, y rehúsa verlo tal cual es en la realidad.

A través de la ilusión no se niega la existencia del mundo de los fenómenos y los hechos, pero se interpretan mal y no se es capaz de ver el mundo como es en realidad. Las formas mentales ilusorias extraen su fuerza de los aspectos menos elevados de la personalidad y del deseo.

La ilusión es una actitud mental que se basa en la incomprensión de las ideas y de los pensamientos, y en erróneas interpretaciones, y es más propia de personas más intelectuales que emotivas, que generalmente han superado buena parte de los espejismos de sus vidas. En la actualidad la ilusión es tan poderosa que existen pocas personas de mente desarrollada que no estén controladas por estas vastas formas mentales ilusorias, las cuales tienen sus raíces y extraen su vida de la vida inferior de la personalidad, lo que lleva a hacer creer que estamos solos, que el mundo está construido sobre el aislamiento y la oscuridad, que vivimos separados, con toda la carga de dolor y amargura que arroja una visión semejante.

La ilusión hace que el alma no vea con claridad y no pueda verter su luz a la mente y al cerebro, y así la conciencia se pierde sin saber reconocer la realidad y la verdad. La mente y el cerebro tergiversan la realidad y lo que el alma ve, a través de formas mentales, ideas, patrones de creencias y todo tipo de pensamiento erróneo, y el alma no es capaz de trabajar directamente desde el nivel del alma y a través de la intuición para revelar lo que la persona desea saber. Esta tergiversación causa la ilusión. El alma nunca esta viciada por la personalidad, ni por sus vehículos, pero si aún no ha alcanzado el punto en el que puede manifestar su luz sin impedimentos a través del cuerpo mental, esto puede inducir a un estado de error de cálculo para el alma porque le presentan datos erróneos. El alma no puede ver la verdad porque la verdad le es presentada de forma distorsionada por el cuerpo mental.

Espejismo e ilusión son dos formas bien diferenciadas de deformar la realidad y deben ser bien distinguidas. El espejismo distorsiona la realidad a través de las emociones, mientras que la ilusión la distorsiona a través de la mente inferior. Si la mente está cerrada u oculta de la verdad a través de una noción mental o idea entonces es ilusión. Si se experimenta como una emoción entonces es espejismo. Ambos son un muro separador de la experiencia del alma, y caracterizan la vida de la personalidad, hasta que el alma consigue liberarse y hacer contacto consciente en el plano físico. Aunque la ilusión aparece con mayor frecuencia cuando se empieza a ser consciente de los espejismos y se comienza a controlarlos, y entonces es habitual que espejismo e ilusión aparezcan juntos en una infinita variedad de combinaciones posibles. La ilusión se produce porque la mente no registra, interpreta ni traduce correctamente lo que le ha sido trasmitido; es frecuentemente la percepción de la verdad mental mal interpretada y mal aplicada. Nada tiene que ver con la etapa del espejismo de apariencia mental, aunque la ilusión puede ser llevada al mundo del sentimiento y convertirse en espejismo. Cuando esto ocurre, su poder se acrecienta porque a la fría forma de pensamiento le ha sido agregado el poder magnético del sentimiento.

Ilusión es el poder que posee un ideal o un concepto, percibido, captado e interpretado mentalmente. Las ideas y conceptos pueden ser de distintas clases. Pueden ser ideas heredadas, muy marcadas por su condición social, por tradición y por pertenencia a un grupo o nación. Pueden ser ideas más modernas, en adaptación y reacción al pensamiento y situación mundial actual, muy influidas por las corrientes ideológicas predominantes. Pueden también ser ideas más nuevas orientadas hacia la luz de alma, al principio percibidas de forma muy tenue en momentos de elevada meditación y realización espiritual Una ilusión mental podría ser descrita como una idea personificada en una forma ideal, lo cual no da entrada ni cabida a ningún otro ideal. Presupone la capacidad de hacer contacto con las ideas, pero aún con ataduras al mundo de ideales e idealismos. Es la ilusión mental que ata, limita y aprisiona, y hace que una buena idea puede convertirse fácilmente en una ilusión.

Las ideas auténticas llegan desde el plano de la intuición, que es la forma en la que el alma ilumina la mente. Cuando la mente se hace consciente de este nuevo mundo de ideas, trata de apropiarse de ellas, ya que le parecen vitales, y de gran importancia, pero el contacto es parcial e inadecuado, y la mente aún está centrada en sí misma, por lo que las ideas se captan e interpretan de forma incompleta, y se tergiversan al ser procesadas por el cerebro. La ilusión traduce una idea en ideal, y la considera como una solución total, separada y visualizada, de forma independiente y al margen de otras ideas, lo que conlleva a la separatividad y la idea no puede llegar a su plena expresión porque solo se ve un ideal parcial como la verdad total, no pudiendo por lo tanto captar otras muchas implicaciones.

La ilusión podría ser descrita en diversos tipos, con ese punto en común de limitada interpretación y tergiversación de las ideas, que hace que sea un fenómeno difícil de seccionar, pero merece la pena detenerse en la ilusión de poder, que tiene múltiples variantes. Cuando se hace algún progreso reconocible y se logra hacer contacto con el alma, mediante el correcto esfuerzo, se puede llegar a ser consciente del éxito obtenido, la mente aumenta su luz, y una sensación de poder afluye a los vehículos. Este sentido de poder, y el cierto éxito en el camino espiritual, puede absorber la atención y perder la comprensión de lo que sucede y el sentido de proporción de los verdaderos valores espirituales. Es fácil entonces caer en una sobreestima de sí mismo y sobrevalorar la experiencia. En lugar de redoblar el esfuerzo y establecer un contacto más estrecho con el alma a través del amor y del desapego, se tiende a hacer alarde personal y de lo conseguido, con lo que se malogra el alineamiento y el contacto con el alma, y se sucumbe a la ilusión del poder experimentado. Cualquier énfasis puesto sobre la personalidad puede desfigurar fácilmente la luz del alma cuando trata de afluir hacia los cuerpos de expresión. Cuando brilla la luz del alma hay que dejar que todo sea espontáneo, sencillo, sin espacio para personalismos; y en esa actitud la ilusión no encuentra espacio en el que asirse.

Lo que resulta más clarificador que diferenciar la ilusión en diversos aspectos es tomar consciencia de la forma en que se presenta. La ilusión se presenta de muchas formas, y por lo general se suele presentar en una de las siguientes formas:

Por errónea percepción de una idea. Se produce cuando no se puede distinguir entre una idea y un ideal, entre una idea y una forma mental o entre un concepto intuitivo y un concepto mental. La atmósfera mental en que vivimos está llena de ilusión, es la zona de contacto consciente en donde se encuentran formas mentales de todo tipo. Todas han sido creadas por las mentes humanas en una u otra etapa de su desarrollo individual y grupal. Algunas han sido construidas alrededor de ciertas ideas; otras son ideales muy antiguos que han sido descartados, pero aún persisten como formas mentales; y otras son totalmente nuevas y por lo tanto no son aún poderosas, pero sí muy atrayentes. Algunas están en proceso de creación; otras permanecen estables; muchas se hallan pendientes de descender de los niveles intuitivos; pocas están todavía iluminadas por la clara luz del alma y preparadas para ser corporificadas. Un gran número de formas mentales están en proceso de desintegración. Algunas de estas formas o ideas corporificadas son de naturaleza destructiva, debido al tipo de materia con que están construidas. Otras son constructivas. Un sin número de ellas son necesariamente construidas por la actividad desarrollada en el mundo de la personalidad; otras están en proceso de construcción por medio del alma y también por la actividad conjunta de ambas manifestaciones. Por ello es preciso que la mente desarrolle una percepción correcta y sepa distinguir entre: una idea y un ideal; lo corporificado, lo que está en proceso de corporificarse y lo que espera ser desintegrado; lo constructivo y lo destructivo; las formas e ideas viejas y nuevas; las formas mentales individuales o de sectores concretos, y las ideas grupales.

-Por errónea interpretación. La idea, o el germen de creciente potencia, es vista parcialmente distorsionada por lo inadecuado del equipo mental y, frecuentemente, queda inutilizada. Carece del mecanismo para la correcta comprensión y, aunque se haga un esfuerzo por mantener la mente firmemente en la luz, lo que se puede comprender y aprovechar de la idea es muy pobre. Esto conduce a la ilusión por mala interpretación, y se debe a la sobreestimación de los propios poderes mentales, al orgullo y a la falta de un espíritu cauteloso.

-Por incorrecta apropiación de las ideas. La falsa apropiación de una idea está basada en la tendencia de la personalidad hacia la autoafirmación. Al apropiarse de una idea, se le da una indebida importancia porque la considera suya. Comienza a ajustar la vida de la personalidad alrededor de su idea y considera sus metas y objetivos como muy importantes, esperando que otros la reconozcan como de su propiedad. Olvida que las ideas no pertenecen a nadie, sino que viniendo del plano de la intuición son de posesión universales y no propiedad de una sola mente. Esto conduce a la ilusión, por la indebida apropiación, por sobreestimación de la personalidad y por la incorrecta impresión de las reacciones de la personalidad sobre la idea presentida y sobre quienes tratan de hacer contacto con la misma idea.

Por errónea orientación de las ideas. Esto ocurre por no ver el panorama tal como es, con un horizonte limitado y escasa visión. Una fracción o fragmento de alguna idea básica incide sobre la conciencia y se interpreta como correspondiendo a un campo de actividades que quizás no tiene ninguna relación dentro del mismo. Por ello se comienza a trabajar con la idea y a diseminarla en lugares donde es totalmente inútil; dándole forma desde un ángulo completamente equivocado, corporificándola de tal manera que su utilidad es nula. Esta ilusión es producida por la mala aplicación inicial y carecer de una mentalidad incluyente.

Por errónea integración de una idea. Se genera al hacer contacto y captar una idea que se considera importante y tratar de integrarla en el objetivo de vida, pero no toda idea percibida con la que se hace contacto es necesariamente la idea en la que se tiene que ocupar, porque puede conllevar a trabajar con energías para las que no se tiene aún una adecuada preparación. La excesiva actividad de la mente es probablemente responsable de que se haya captado así la idea. Se impone una corriente de energía sobre el cuerpo mental y no se puede manejar, y no se logran objetivos constructivos ni correcta actividad vital. Captar cualquier idea que se cruza en el camino, sin discriminación alguna, conduce a la ilusión por adquisición.

Por errónea corporificación de las ideas. Se establece contacto con la idea, pero es erróneamente revestida de materia mental y, por consiguiente, incorrectamente lanzada a la materialización, y se la integra en una forma mental inadecuada para su correcta expresión, generando así ilusión. Es poco habitual, porque se produce cuando se hace contacto con una idea pura, y ello exige un punto de evolución elevado.

Por errónea aplicación de las ideas. El contacto con la idea es correcto, pero falla su aplicación y actividad consiguiente debido a que la ilusión general predomina en la mente.

El primer paso para disipar la ilusión es tomar consciencia de que existe. A pesar de haberse realizado un gran avance en la liberación de espejismos, es fácil perderse en la ilusión sin saber qué es la verdad y la realidad, y permanecer en una inconsciente prisión mental en la que el aislamiento, soledad y separación, impide la plena expresión de la luz y el amor del alma. Una ilusión lleva siempre una carga que puede ayudar a su detección: una ilusión no coincide con la realidad y no revela nada.

La única forma de abordar las ilusiones es desarrollar la intuición, y para ello se tiene que poder disponer de un canal adecuado, de una mente limpia, disciplinada en su correcta proporción, capaz de elevarse y abstraerse cuando se precisa, y con la sencillez y el poder de un sentido común sano y desarrollado. Se precisa una mente controlada para evitar la ilusión, pero el verdadero control no debe ser el de la personalidad sino el del alma. El control de la personalidad sobre la mente, necesariamente la va a distorsionar. Hay que empezar por descubrir donde está realmente la mente, y que parte de ella está a nuestra disposición y que parte está fragmentada en el subconsciente y alimentando todas esas formas mentales que producen espejismo e ilusión. La mente subconsciente debe proseguir siendo inconsciente, realizando funciones como la digestión, alimentando la sangre y células a través de diferentes partes del cuerpo, la respiración, y otros procesos puramente automáticos que deben seguir estando por debajo del umbral de la conciencia. Pero el inconsciente no es un espacio en el que se deben acumular formas mentales cuyo destino natural es la consciencia.

La técnica por excelencia para liberarse de la ilusión es la meditación. Pensar correctamente es pensar sin ilusión, que no es lo mismo que meditación, que se mueve más allá del pensamiento, sin inhibirlo. Ir más allá del pensamiento no es sofocar el proceso de pensar. La meditación no controla la mente, solo concentra la atención sin permitir que se divague entre pensamientos. Meditar aquieta y aclara la mente, liberándola de la necesidad de estar siempre inmersa en pensamientos, y en ese estado de meditación no aparecen ilusiones. Meditar es una práctica de limpieza de la mente que favorece, en buena medida, que las ilusiones habituales se debiliten y tiendan a no aparecer otras nuevas. Mientras se medita correctamente, no se puede pensar, porque se ha ido más allá del pensamiento. La verdadera meditación te pone en contacto con el alma, y el paso de su luz y energía por los canales y centros energéticos disipa toda ilusión, dejando a la mente limpia y despierta para captar la realidad. La meditación es una técnica ideal para desarrollar la intuición, que está vinculada al contacto con el alma. La orientación hacia el camino de la intuición no es una ruta imposible, todo lo contrario, se basa en apoyarse en las cualidades del alma, en la sencillez, la buena voluntad, el servicio desinteresado, la empatía y solidaridad, el amor incondicional, y esa alegría interior que nace del corazón y de lo más profundo de nuestro ser.

La mente iluminada disipa el espejismo y por eso necesita utilizar el cuerpo mental. El alma disipa la ilusión, empleando la facultad de la intuición. La luz del alma, que afluye en la intuición, tiene que utilizarse para superar las formas pensamiento mentales que son ilusiones. La verdad está siempre allí, no hay que descubrirla. Si no se tienen espejismos, no se experimentan sentimientos fantasiosos; los sentimientos son verdaderos, provienen del corazón, no del plexo solar; no son un uso incorrecto de la energía astral, que de forma natural debe transcurrir en un lago tranquilo y calmado. Si las ideas son verdaderas, provienen del alma y son creativas, reveladoras, iluminadoras. Si son ilusorias, son falsas. Se necesita de la intuición, la luz del alma, para mostrar su falsedad.

 

6. Viaje a la realidad eterna.

Se suelen considerar los espejismos e ilusiones como las posesiones más preciadas, ganadas con esfuerzo y tesón, algo de lo que sentir orgullo, cuando son los límites que impiden acceder a la verdadera realidad y a que afluya más vida y más conciencia a nuestra existencia. El gran problema es reconocer y ser conscientes de los espejismos que acechan en cada rincón del camino y de las ilusiones que bloquean el paso de la luz. La mayoría no son conscientes de que existen espejismos e ilusiones, simplemente no los ven, absortos y ensalzando sus distorsiones de la realidad como grandes logros, como si el egocentrismo de la personalidad fuera algo a celebrar.

Cada campo de percepción constituye dentro de sus límites una prisión, y cuanto más se agranda la identificación con los vehículos la prisión será más densa. Por eso el objetivo de todo trabajo evolutivo es liberar la conciencia y expandir su campo de visión y expresión. A medida que se consigue desligarse de las reacciones emocionales, se acrecienta la lucidez mental y la capacidad de pensar con claridad y todo lo que ello involucra. Pensar con claridad implica la capacidad de desprenderse, al menos temporalmente, de todas las reacciones y actividades de la naturaleza emocional. A las reacciones cerebro-astrales se les debe quitar la atención, considerándolas como inexistentes e ilusorias, y permitir que puedan descender bajo el umbral de la conciencia y allí desaparecer por falta de atención. Las emociones sin medida y sin control son el resultado del uso incorrecto de la energía del plano astral. El plano astral debe ser un lago tranquilo y calmado, en el que la energía del alma puede reflejarse y proporcionar intuición. Allí donde domina la confusión habitual del cuerpo astral, presente en la mayoría de personas, no hay un lago tranquilo en el cual el alma pueda reflejar su conciencia, la expresión más elevada de la realidad.

La finalidad más profunda de los sentidos y de todos los sistemas de percepción es revelar todos los aspectos de la personalidad y posibilitar que el alma, el ser interno, pueda diferenciar entre lo real y lo irreal. Ser víctima, y a la vez intentar disipar espejismos e ilusiones es lo que da complejidad al problema y sus sutiles dificultades. Cada parte del espejismo disipado y cada ilusión reconocida y superada allana el camino a los que siguen, lo que además de un trabajo de liberación es un gran servicio a la humanidad.

“El Morador en el Umbral” es el nombre que se da a la suma total de todas las experiencias de la personalidad, a través del paso del tiempo. A lo largo de muchas vidas se trata con la ilusión del plano físico: Maya, luego con los espejismos del plano astral, y más adelante con las ilusiones del plano mental. El Morador en el Umbral es la acumulación de todas esas irrealidades, de todo ese sentido de la dualidad; es el conjunto de las fuerzas de la naturaleza inferior, físicas, emocionales y mentales, que en el transcurso de las épocas han sido nutridas y desarrolladas por la personalidad limitada, constituyendo una poderosa forma mental vitalizada, que impide la dedicación al servicio del alma y de la humanidad. Es una gran forma mental que produce confusión y que debe ser enfrentada cuando se trata de penetrar a través del espejismo, largamente acumulado, y poder así despejar el paso de la luz y hallar por fin el verdadero hogar.

El Morador en el Umbral siempre está presente, pero solo entra en actividad cuando se es consciente de espejismos e ilusiones y se ha logrado un avance significativo en disiparlos, contando ya con una personalidad integrada y un cierto equilibrio en los vehículos. El Morador en el Umbral constituye todo lo que se es fuera del ser espiritual superior; representa la prueba final que debe ser enfrentada por el alma para destruir esa enorme forma mental y liberarse finalmente de las distorsiones de la realidad.

En la larga lucha hacia la libertad, y por encima de todo, se debe tener valor, perseverancia, paciencia, la habilidad de “permanecer aquí” y no escaparse de las dificultades que se han colocado delante nuestro, como una gran ocasión para sacar lo mejor de nosotros mismos. Cuando se aprende a aceptar el presente ineludible que nos ofrece el destino, no se malgasta el tiempo en vanas lamentaciones y se puede dedicar toda la energía en cumplir perfectamente con el trabajo obligatorio y afrontar los desafíos con aplomo y confianza. El camino se despeja mediante la sana comprensión de la vida, tal como es, y la directa apreciación de lo que se puede hacer de ella. No existe espejismo o ilusión insalvable. El cambio puede ser lento, pero será inevitable, si se persiste mirando siempre al frente, con humildad y sencillez, sin rendirse, demostrando la capacidad natural de resistencia de todo ser humano. Cada dificultad de la vida superada es un paso adelante en el viaje evolutivo, en la larga búsqueda de la realidad. En el fondo todo depende de quien se mantiene en el centro del escenario en el supuesto drama de la vida: la sufrida personalidad, o la aspiración hacia el alma, hacia el ser interior.

Desde un punto de vista directo y práctico, hay que apoyarse en aquello de lo que básicamente se está seguro, sin dejarse bloquear por las complejidades aparentemente contradictorias, con la esperanza de que en su momento afluirá la luz, y continuar el trabajo de desmadejar la irrealidad en medio de la confusión. Las actitudes son de vital importancia, y la más importante es seguir sin amendrentarse ante nada.

La visión se puede enfocar con más amplitud, es un simple gesto, una intención, que pasa por dejar de identificarse consigo mismo e identificarse con la humanidad. Dejar a un lado los problemas de nuestro pequeño yo, e interesarse por los problemas del grupo social al que pertenecemos. Y en medio de ello, parar cuenta de la naturaleza que nos rodea, esa gran maestra de la realidad que ofrece lecciones sin pedir nada a cambio, como el sol, que ilumina y vivifica la tierra sin extraer nada de ella, o como cualquier otra parte del paraíso natural, con su eterno e implacable presente. Aprender de la naturaleza, vivir y dar sin pedir nada, dejar que esa parte de la realidad que si se puede captar penetre en nuestro ser y apoyarse en ella. Reflexionando sobre lo bueno, lo bello y lo verdadero, los instintos inferiores se trasmutan en cualidades superiores.

La indiferencia, sana y bien entendida, puede ser de una enorme ayuda. Se trata de esa divina indiferencia que deja morir de inanición a la emoción o al espejismo al privarlos de la atención que los sostiene. Indiferencia es adoptar una actitud neutral hacia aquello que se considera el no yo; significa la negativa a identificarse con lo que no sea una realidad espiritual, hasta donde se percibe y conoce. Constituye un rechazo activo, sin concentrarse en aquello que es rechazado, manteniendo un punto de tensión con solidez y firmeza, sin identificarse con los obstáculos y posibles obstrucciones que puedan generar lo espejismos e ilusiones, y desde allí enviar energía, cualificada y reconocida; directamente y sin desviarse, hacia el cuerpo vital, recordando constantemente la verdad de ser en esencia el alma y desapegarse del no-yo, la personalidad limitada.

Acceder a la realidad viene por medio del experimento consciente y no puede obtenerse experiencia alguna donde no hay una actividad experimental. Solo las verdades forjadas desde la experiencia penetran realmente en la conciencia viviente y fructifican. Únicamente lo que se conoce y experimenta en sí mismo, es de importancia y constituye la verdad en la medida que pueda ser asimilada. Lo que digan otros, lo que se lee, puede ampliar o corroborar una verdad conocida, pero carece de propósito vital y hasta que no se experimenta en la propia conciencia, tiende a crear nuevos espejismos e ilusiones de falsos logros con comprensiones incompletas. No son las interpretaciones humanas las que conducen a la liberación, sino la forma con que se inicia y se aplica lo que se comprende de la enseñanza.

Cuando se logra hacer un alineamiento correcto y contactar con el alma, inmediatamente afluirá mayor luz y las distorsiones de la realidad se esfumarán como por arte de magia. Está luz desciende e ilumina no sólo a la mente, sino también a la conciencia cerebral. Por ello se consigue ver la situación con mayor claridad, comprender los hechos, compararlos con la vanas imaginaciones y divagaciones, y dejar que la luz ilumine progresivamente el camino, que comienza a limpiarse, aunque quede trabajo por despejar. Alineamiento, contacto con el alma y también constancia, son las notas clave para el éxito. El modo más poderoso para disipar el proceso del espejismo y la ilusión consiste en comprender la necesidad de actuar estrictamente como canal para la energía del alma.

La continua lucha por desvelar la realidad es una aventura fascinante que nos abre a nuevos mundos y expande la conciencia hacia cotas de libertad inimaginables. A medida que crece la conciencia se desarrolla la intuición, comienza a funcionar, no se crean pensamientos emocionales o ilusorios, sencillamente sabes porque sabes. La experiencia desapegada será una gran ayuda para saber si es intuición o ilusión. Funciona porque ilumina, y se ajusta a las enseñanzas dadas durante miles de años, no es una fantasía. Cuando es una ilusión o una forma mental, se descubre que no coincide con la realidad, y que no revela nada. La intuición es el polo opuesto a la ilusión; es el reconocimiento de la realidad, que se hace posible cuando desaparecen el espejismo y la ilusión. Y lo que libra definitivamente de la ilusión es la conciencia despierta, que proviene de experimentarse como alma, dejando de construir fantasías, despejando la visión. La realidad que se encuentra en cualquier parte de la existencia es extraída de la conciencia.

Un gran salto en el camino evolutivo es pasar de una percepción exotérica del mundo de las apariencias, a una comprensión esotérica del mundo de las cualidades, que subyace en todas las apariencias. Es vivir en lo objetivo, pero con conciencia de lo subjetivo. Contactar con el alma es abrirse a la realidad, y a la constante materialización de lo real. Y el contacto con el alma produce gozo, que deja penetrar la luz y donde hay gozo no puede haber espejismo ni incomprensión.

Cada alma encarnada, que logra liberar su conciencia del mundo de la ilusión y del espejismo, sirve definidamente y ayuda a liberar a la humanidad de esta antigua y potente esclavitud. Quién vive con amor y servicio hacia los demás, libre de prejuicios personales y apegos, se convierte en un soplo de luz y esperanza, un faro en la obscuridad para muchos peregrinos.

Deberíamos grabar en nuestra mente y en nuestro corazón la siguiente poderosa frase de aspiración, teniendo presente que la energía sigue al pensamiento: “Que la realidad rija todos mis pensamientos y la verdad predomine en mi vida”.

La realidad siempre brilla bajo la envoltura que la cubre. La revelación muestra a la luz lo que siempre ha estado allí. La realidad de la vida prueba la realidad de la espiritualidad y la inmensidad de la provenimos. Para ser real hay que “ser” aquí y ahora, en tiempo y espacio. El presente se convierte en pasado en un instante, y se funde en el futuro, según se experimenta. Simplemente, ser.